El perfume / Patrick Süskind

Al principio se deslizaron franjas delgadas bajo la nariz de Grenouille pero después adquirieron la densidad de una nube; era como si hallara en medio de un pantano que emanara una espesa niebla. Esta niebla fue ganando altura y pronto Grenouille se vio rodeado por ella, empapado de ella, y entre los jirones ya no quedaba ni rastro de aire limpio. Si no quería ahogarse, tenía que respirar esta niebla. Y la niebla era, como ya se ha dicho, un olor. Y Grenouille sabía de qué clase de olor se trataba. La niebla era su propio olor. El suyo, el de Grenouille, su propio olor. Y lo espantoso era que Grenouille, aunque reconocía este olor como el suyo, no podía olerlo. ¡No podía, ni siquiera ahogándose en el propio olor, olerse a sí mismo! Cuando comprendió esto con claridad, profirió un grito fuerte y terrible, como si lo quemaran vivo.

El perfume / Patrick Süskind / 1985

Párrafo rescatado por Zelik Yáñez.

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